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Ernesto Sabato
24 de junio de 1911 - 30 de abril de 2011
Al nombrar a Ernesto Sabato se piensa instantáneamente en su relación con la ciencia, la política, el arte, el surrealismo, el existencialismo; sus reconocidas novelas, sus profundos ensayos; sus actuales pinturas; todo lo convierte en uno de los escritores argentinos contemporáneos de mayor trascendencia, a pesar de su distanciamiento con la escritura, hace ya años. (Ministerio de Educación de la Nación Argentina)

EL VECINO “CASCARRABIAS” DE SANTO LUGARES, AUTOR DE “SOBRE HEROES Y TUMBAS”, NOVELA FUNDAMENTAL DEL SIGLO XX, MURIÓ A LOS 99 AÑOS

Por Silvina Friera (Página 12) ► Sábado, 30 de abril de 2011

Sabato y sus fantasmas
Su voz era un como un “río negro” con ese timbre cavernoso de orador sagrado. El acento pesimista de Ernesto Sabato coronaba a esa otra voz, la del monstruoso mundo de sus tinieblas, como decía en sus páginas, que surgía en sus novelas, especialmente en Sobre héroes y tumbas. Autor entrañable para miles de lectores, sin más patria o nacionalidad que el hachazo y la conmoción que significa transitar por los universos y laberintos de El túnel o Abaddón el exterminador, su muerte, hoy a la madrugada en su casa de Santos Lugares, a los 99 años, cuando parecía que festejaría su centenario de vida, no lo exime del “juicio de la historia”. El dolor por la pérdida de un escritor fundamental del siglo XX de la literatura argentina no puede deslizar bajo la alfombra de la sociedad argentina heridas muy hondas que aún no han cicatrizado. El respeto y la admiración no debería traducirse automáticamente en indulgencia a las convicciones políticas de un intelectual ambivalente y paradójico, una especie de predicador atormentado que encarnaba la voz y los sentimientos de “todos”, una mascarada tan convincente que escapó a su control.

El “maestro”, el “genio”, el “quijote lúgubre” de nuestras pampas y cuantos calificativos se desprendan y multipliquen por las bocas apesadumbradas o las páginas que se están escribiendo en este mismo instante, fue una figura compleja, polémica, contradictoria. Almorzó con el dictador Jorge Rafael Videla, encabezó la Conadep, la comisión encargada de recoger los testimonios de los familiares de desaparecidos durante la dictadura militar y prologó el Nunca más, donde formula la “teoría de los dos demonios” y equipara el terrorismo de la guerrilla con el terrorismo de Estado. En esta trama enrevesada reside el desafío que genera el escritor; hay que “penetrar en las grietas para que pueda volver a filtrarse el torrente de la vida”, una frase de Jünger que Sabato recuerda en España en los diarios de mi vejez (Seix Barral), su último libro publicado en 2004. El escritor que nació en Rojas en 1911, que siempre fue un hombre de pueblo, que se instaló en Santo Lugares cuando casi literalmente no había nada, cuando todo era horizonte en construcción, escribió en ese último libro que “cuando nos hagamos responsables del dolor del otro, nuestro compromiso nos dará un sentido que nos colocará por encima de la fatalidad de la historia”. Se refería al lugar decisivo de la solidaridad en un “mundo acéfalo” que excluye a los diferentes. Lo avergonzaba -afirmaba- que existan doscientos cincuenta millones de niños explotados. Pero se puede atisbar en las entrañas de esta frase algo más que la mera coyuntura a la que aludía. Quizá su deseo –inconfesable- era sortear esas “fatalidades” y peripecias interminables que padeció; buscar afanosamente un hilo de Ariadna que pudiera hacer comprensible su propio desconcierto íntimo.

Sabato es un ícono de la cultura argentina con todo lo positivo y negativo que trasunta ocupar esa posición en el imaginario de una sociedad. Supo articular, declaración tras declaración, páginas tras página, la estela del escritor torturado y sufriente que luchaba contra las tinieblas y fantasmas. Su conciencia parecía que nunca lo dejaba en paz. A menudo repetía que “quemaba lo que había escrito a la mañana”. Comenzó a garabatear su novela más emblemática, Sobre héroes y tumbas (SHT) en 1936. La primera publicación fue en 1961, pero en el ínterin, como se recuerda en la edición crítica publicada en la colección Archivos por la editorial Alción(2008), coordinada por María Rosa Lojo, hubo avances y retrocesos y quemas periódicas de manuscritos descartados. Nunca dejó de corregir y depurar ese texto capital hasta la edición definitiva de 1991. Novela total, SHT “entreteje múltiples voces e historias con la Historia, expande en direcciones contrapuestas los ámbitos geográficos, abre, desde la ciudad cotidiana, una grieta en la percepción, una ventana oscura hacia el otro lado de lo que creemos real”, subraya Lojo en el estudio liminar.

“A veces la literatura se inviste con los poderes del sueño, ilumina territorios imaginados y perdidos –plantea Lojo-. Sobre héroes y tumbas, gótico surrealista y argentino, galería de fantasmas familiares, geología fantástica, perverso libro de viajes fabulosos en el corazón de lo cotidiano, nos ofrece la ilusión de recobrar un tesoro siniestro. De asomarnos a la forma oculta del mundo, y de atisbar en ella, como en un diseño abismal de cajas chinas, todos los otros mundos que están en éste”. Sabato es un tesoro problemático y muy incómodo: genera amores y rechazos tan intensos como imposibles de conciliar. Su literatura y parte de sus ensayos –El escritor y sus fantasmas, Hombres y engranajes o Uno y el Universo- preservan un encanto difícil de negar, aun en aquellos que refieren a esas primeras lecturas como un “hechizo” o “pecado” de juventud. Pero escindir su impronta entre una “verdad nocturna” (sus ficciones) y una “verdad diurna” (sus intervenciones públicas), como él mismo proclamaba, simplifica el problema de su laberinto existencial y político. ¿Se puede parcelar a Sabato en esferas puras, incontaminadas entre sí? Difícil, aunque a menudo se haga, acaso para dejar al margen, como una “equivocación menor”, el almuerzo con Videla y su “teoría de los demonios”.

Murió Sabato en su patria adoptiva de Santo Lugares. Hace un puñado de años que estaba recluido, como desterrado en su propio terruño. En silencio, escuchando música. Una de sus últimas apariciones fue en noviembre de 2004, en Rosario, cuando en el marco del III Congreso Internacional de la lengua Española asistió a un homenaje en el que participó José Saramago, Víctor García de la Concha, ex director de la Real Academia Española de la lengua, y la entonces senadora Cristina Fernández. Más de 1600 personas lo ovacionaron de pie al Premio Cervantes 1984. Sabato lloraba, se sacaba los anteojos, se limpiaba las lágrimas y saludaba. Se despedía. Lo sabía él y todos los que fueron testigos de ese momento de extrema emoción.

Debilitado por tanto cariño, moviendo su mano para saludar a todos, se esforzaba por comprender por qué él, que escribió en Abaddón… que el “universo es horrible, o trágicamente transitorio e imperfecto”, logró, en el tumulto de sus ficciones, construir una obra que tendría como destino la revelación de un territorio fantástico: la conciencia del hombre.

Entre las citas que le gustaba evocar, solía recordar una de Nietzsche: “Yo amo a quienes no saben vivir de otro modo que hundiéndose en el ocaso. Pues ellos son los que pasan al otro lado”. En el club de su barrio, Defensores de Santos Lugares, los vecinos y lectores comienzan a despedirse del autor de El Túnel. Su hijo Mario reveló en una carta el gesto póstumo de su padre: “Cuando me muera, quiero que me velen acá, para que la gente del barrio pueda acompañarme en este viaje final. Y quiero que me recuerden como un vecino, a veces cascarrabias, pero en el fondo un buen tipo. Es a todo lo que aspiro”.

SUBNOTAS:
El recuerdo de referentes de la cultura y sus amigos
La despedida en el club del barrio
Las voces del arco político y social
Las repercusiones en el mundo



En Gaceta Literaria de La Nación
Santiago de Chile
Domingo 30 de junio de 1968.
Jorge Román Lagunas formula:
NUEVE PREGUNTAS A ERNESTO SABATO


Ernesto Sabato, comparte con Julio Cortázar el cetro de la novela argentina actual. La traducción francesa de su última obra -Sobre héroes y tumbas- ha obtenido una máxima atención en Europa: al fin -afirman los europeos- América Latina nos da la gran novela barroca que esperábamos; es soberbia y angustiosa, supera a "El tambor de hojalata" de Guenther Grass. Sólo ha publicado dos novelas: El túnel, en 1948, y Sobre héroes... en 1962. La última ha superado los cien mil ejemplares de tiraje. Otras obras -de ensayo- han sido: Uno y el universo (1945), Hombres y Engranajes (1951), Heterodoxia (1953), El escritor y sus fantasmas (1963). Nuestro colaborador don Jorge Román Lagunas visitó a Sabato en Buenos Aires y nos ha entregado esta entrevista exclusiva.


1) Usted ha declarado lo siguiente: "Yo escribo para no morirme de tristeza en este país desdichado", ¿Por qué "desdichado"?
■ La Argentina es un país de inmigrantes y probablemente el fenómeno sociológico y espiritual de Buenos Aires, que pasó en medio siglo de 200 mil habitantes a 8 millones es único en el mundo. El crecimiento violento y tumultuoso de esta urbe, la llegada de centenares de miles de seres esperanzados y su casi siempre inevitable frustración, la nostalgia de la patria lejana, el resentimiento de los nativos contra los invasores, la sensación de fragilidad y de transitoriedad, la sustitución reiterada de jerarquías, todo ha provocado esta mentalidad problemática y angustiada del argentino. Si el hombre es transitorio en Roma o en Cuzco, aquí lo es por partida doble, ya que tenemos la sensación de vivir en medio de un campamento, sin ese respaldo de eternidad que allá es la tradición milenaria. Esta problemática se ve hasta en el tango, ese suburbio de la literatura. Me refiero, claro está, a los tangos "filosóficos", del género de "Cambalache".

2) ¿Qué tiene en común y qué no la problemática argentina con la de los otros países latinoamericanos?
■ En parte ya mi primera respuesta responde a esta segunda que usted me hace. Pero quizá pueda agregar algo, todavía. El mundo entero está conmovido por una crisis total de sus valores, no sólo económicos, sino políticos y espirituales. Como integrantes de la civilización que sufre ese cataclismo tenemos un primer motivo de angustia. Como pertenecientes a una de las líneas de fractura espacial de esa misma civilización (ya que no somos ni Europa propiamente dicha, a causa de la inmigración masiva) tenemos un segundo motivo que es específicamente nuestro. Estamos en el fin de una civilización y en uno de sus confines. Sometidos a una doble quiebra en el tiempo y en el espacio, parecemos destinados a una terrible experiencia. Un habitante de París tienen un único motivo. También un habitante del Cuzco. En esta región de fractura estamos doblemente problematizados.

3) ¿Cómo ve usted el futuro de nuestros países, y en particular el de la Argentina?
■ Si nos confederamos, podemos llegar a ser una potencia mundial decisiva, con una lengua y una literatura y una ciencia que puede marcar rumbos en un mundo convulsionado. Si nos separamos por nuestros resentimientos y, nuestros odios provinciales, nos podremos contar en esta formidable catástrofe universal. En lo que a mi país en particular se refiere, hemos empezado a ser maduros y a tener conciencia de que a pesar de ser una zona de fractura, como dije antes, pertenecemos por nuestra historia, nuestro territorio y nuestros problemas básicos, al continente latinoamericano. Hemos terminado por advertir a nuestros hermanos más pobres de América, y, con todos los defectos que nos caracterizan, pueden estar ustedes seguros de que las nuevas generaciones consideran con comprensión y amor el destino de los pueblos fraternos. Tenemos muchas fallas de que avergonzarnos y es un rasgo de maduración el que de verdad nos avergüencen, al menos en sus espíritus más altos, que son los que siempre marcan rumbos.

4) ¿Es Argentina un país que lucha con su existencia para lograr su esencia?
■ Sí, por lo que dije en mis dos primeras respuestas.

5) ¿Debe el escritor comprometerse políticamente? En particular en nuestra América, ¿debe su obra reflejar el drama de nuestros pueblos?
■ Un intelectual lúcido y generoso no puede sino propugnar la liberación y la unificación de América Latina. La justicia social y la elevación de los pueblos miserables constituyen un imperativo que ningún escritor puede soslayar bajo pena de convertirse en un literato apócrifo. Pero debemos ponernos en guardia contra el disparate del "arte social", principio en virtud del cual es más grande escritor Howard Fast que William Faulkner. Una novela se escribe con todo el cuerpo, con la sangre, con la piel, con la cabeza. Con la conciencia, pero también con los dictados de ese universo oscuro que está debajo de los niveles de conciencia. Por eso expresa la realidad total del hombre y su circunstancia: realidad desgarrada y ambigua. Y por eso, si es auténtica, constituye el más cabal testimonio de la condición humana. A un novelista, pues, no se le debe solicitar (como tantas veces hacen los beatos del catolicismo y del comunismo) que haga propaganda en favor de la Iglesia o de los Soviets, que demuestre tal o cual tesis, que sirva para edificar el alma o para construir el socialismo. Una genuina novela no sirve para esos menesteres. Para eso hay mejores instrumentos: el panfleto, la conferencia de ateneo, el discurso de barricada, el libro de política o sociología, el sermón o el afiche. No la novela. Y aunque esa novela sea áspera y aparentemente negativa es en todo caso el testimonio de su época y sirve para sacudir las conciencias, para despertarlas y enfrentarlas con los grandes dilemas de la condición humana.

6) Su punto de vista -existencial- ¿en qué se acerca y en qué se aleja del de Jean Paul Sartre?
■ Sartre siente al Otro como a un enemigo, cuya mirada lo petrifica y convierte en objeto o en esclavo. La convivencia es así un infierno. Pascal decía que somos galeotes encadenados a la misma galera, a la espera de la muerte. Si a esta idea se le quita la esperanza en Dios, lo que resta se parece bastante al pensamiento Sartriano. Es probable que el sentimiento de culpa que en el hombre Sartre produce esta creencia lo lleve (ya que por otra parte tiene el sentido del deber, quizás inculcado por sus abuelos protestantes) a propiciar el cooperativismo entre los hombres, a repudiar en sus opiniones políticas o que surge de su doctrina filosófica. Yo creo que la coexistencia de los hombres no es obligadamente un infierno, y que la comunión no es imposible. El amor, el arte, el trabajo en común son puentes positivos entre las conciencias. En la cuarta parte de Héroes y Tumbas intenté (no sé si lo he logrado) lo que podría llamarse "una metafísica de la esperanza", que impide el suicidio del muchacho. Si como dicen los existencialistas, la angustia es la prueba de la Nada, la esperanza sería a mi juicio, la prueba de "Algo". Y ya que la esperanza es invencible en la raza humana (de otro modo estaríamos todos ya suicidados), ya que a a larga vence siempre a la angustia, y si estos sentimientos tienen valor ontológico, debemos inclinarnos a pensar que más bien hay Algo que Nada.

7) ¿Y del de Kierkegaard?
■ Frente al hombre abstracto de los Iluministas, ya en Hegel se observan los primeros elementos de la reacción, pues para él el hombre no es aquella entelequia ajena a la tierra y a la sangre, a la sociedad misma y a la historia de sus vicisitudes: sino un ser histórico que va haciéndose a sí mismo, realizando lo universal a través de lo individual. Este sentido histórico del hombre, sin embargo, se hará una genuina reacción contra el racionalismo extremo en Marx, al convertir la criatura humana no sólo en un proceso histórico, sino en un fenómeno social. El hombre de la ratio es una abstracción, pero también es una abstracción el hombre solitario. Resulta superfluo llamar la atención sobre la semejanza de esta doctrina con el nuevo existencialismo, que, después de Husserl, logrará superar el subjetivismo extremo de Kierkegaard. Así nos encontramos que la doble vertiente que proviene de Hegel, la de Marx y la de Kierkegaard (cualesquiera sean los insultos que esta síntesis provoque en la escolástica stanilista) se está llegando a una integración en que cada uno de sus compañeros contribuye con algo, pero también debe renunciar a algo. En el caso de Marx, a su fetichismo de la ciencia. Porque conviene repetir aquí algo que a mí me parece cierto: no sólo hay la alienación producida en el hombre por las estructuras económicas vista y denunciada por Marx) sino otra que él no vio; la que ha convertido al hombre en un robot por obra de la técnica; obra que es independiente del régimen social como lo prueba el desarrollo de la misma mentalidad cientificista en Rusia que en los Estados Unidos.

8) Una pregunta que el público siempre espera: ¿podría contarnos algo sobre sus próximas publicaciones?
■ "El viento y la muerte", novela que aún me llevará unos dos años. "Dialéctica de la novela contemporánea",ensayo sobre la novela y la crisis total del hombre.

9) Y para terminar este breve interrogatorio, su opinión sobre dos escritores argentinos de plena actualidad en nuestro país: Cortázar y Marechal.
■ Cortázar es un magnífico cuentista y un brillante escritor. Prefiero sus cuentos a sus novelas, que creo son proclives al juego del ingenio. Marechal es un gran poeta y autor de una novela que fue para nosotros precursora de una renovación. Cuando estaba en el anonimato total, a causa de motivos políticos, Cortázar y yo luchamos por traerlo nuevamente a la notoriedad.


Fuente: Letras.s5-Archivo Sabato

Memorias : "Antes del fin", texto escogido. (1999)

Palabras preliminares

Vengo acumulando muchas dudas, tristes dudas sobre el contenido de esta especie de testamento que tantas veces me han inducido a publicar; he decidido finalmente hacerlo. Me dicen: "Tiene el deber de terminarlo, la gente joven está desesperanzada, ansiosa y cree en usted; no puede defraudarlos". Me pregunto si merezco esa confianza, tengo graves defectos que ellos no conocen, trato de expresarlo de la manera más delicada, para no herirlos a ellos, que necesitan tener fe en algunas personas, en medio de este caos, no sólo en este país sino en el mundo entero. Y la manera más delicada es decirles, como a menudo he escrito, que no esperen encontrar en este libro mis verdades más atroces; únicamente las encontrarán en mis ficciones, en esos bailes siniestros de enmascarados que, por eso, dicen o revelan verdades que no se animarían a confesar a cara descubierta. También los grandes carnavales de otros tiempos eran como un vómito colectivo, algo esencialmente sano, algo que los dejaba de nuevo aptos para soportar la vida, para sobrellevar la existencia, y hasta he llegado a pensar que si Dios existe, está enmascarado.

Sí, escribo esto sobre todo para los adolescentes y jóvenes, pero también para los que, como yo, se acercan a la muerte, y se preguntan para qué y por qué hemos vivido y aguantado, soñado, escrito, pintado o, simplemente, esterillado sillas. De este modo, entre negativas a escribir estas páginas finales, lo estoy haciendo cuando mi yo más profundo, el más misterioso e irracional, me inclina a hacerlo. Quizás ayude a encontrar un sentido de trascendencia en este mundo plagado de horrores, de traiciones, de envidias; desamparos, torturas y genocidios. Pero también de pájaros que levantan mi ánimo cuando oigo sus cantos, al amanecer; o cuando mi vieja gatita viene a recostarse sobre mis rodillas; o cuando veo el color de las flores, a veces tan minúsculas que hay que observarlas desde muy cerca.

Modestísimos mensajes que la Divinidad nos da de su existencia. Y no sólo a través de las inocentes criaturas de la naturaleza sino, también, encarnada en esos héroes anónimos como aquel pobre hombre que, en el incendio de una villa miseria, tres veces entró a una casilla de chapas donde habían quedado encerrado unos chiquitos -que los padres habían dejado para ir a su trabajo- hasta morir en el último intento. Mostrándonos que no todo es miserable, sórdido y sucio en esta vida, y que ese pobre ser anónimo, al igual que esas florcitas, es una prueba del Absoluto.

Fuente: letras.s5.com

Uno y el universo (fragmento)

" La noticia de que los físicos habían descubierto un misterioso principio de indeterminación fue recibida alegremente por ciertas escuelas teológicas y filosóficas, creyéndose que la propia ciencia proclamaba su bancarrota y que el libre-albedrismo tomaba nueva fuerza. Ignoro por qué razón el hecho de que el hombre pueda tener libre albedrío y ser responsable de todas las tonterías que comete constituye un motivo de satisfacción para muchos filósofos. Pero dejando de lado esta cuestión, creo que la alegría es precipitada, ya que ni los propios hombres de ciencia han logrado ponerse de acuerdo, todavía, sobre el contenido y el nombre del principio: los que proponen denominarlo Principio de Indeterminación creen que es la exteriorización de una indeterminación esencial de la Naturaleza; los otros opinan que debe interpretarse como una fórmula taxativa, quizá como una medida de impotencia humana o actual de alcanzar el mundo físico, y por eso proponen que se denomine Principio de Incerteza. Los malentendidos a que ha dado origen se deben a que deriva de la hipótesis cuántica, que tiene la desgracia de ser oscura cuando es rigurosa y de ser totalmente falsa cuando todo el mundo la comprende. "

Fuente: El Poder de la Palabra




Psicología con p


Al corregir las pruebas de galera de un libro mio me sorprendí al advertir la grafía "sicológico", donde yo había puesto "psicológico". Porque aun cuando una editorial se haya jurado una determinada política lingüística, no puede imponérsela a los escritores, que generalmente tienen sus propias ideas sobre el idioma. No ya la dirección de una editorial sino tampoco la propia Real Academia de Madrid tiene derecho a hacerlo, pues al fin de cuentas las normas de ese cuerpo son la consagración de las modalidades impuestas por el pueblo y los escritores.

¿Qué argumentos se pueden oponer a la grafía psi? No, por supuesto, la fonética, ya que la gente culta generalmente la pronuncia así. Y en el caso de que no se la pronunciase, tampoco es un argumento, porque si fuéramos a caer en la locura de escribir las palabras tal como se pronuncian tendríamos que poner payasadas como sológico, asaña y rebolusión, al menos en Buenos Aires.

Por lo demás, que en ningún idioma hay correspondencia entre el lenguaje hablado y el escrito, puesto que el escrito está fijado por los textos y aquél va cambiando en el espacio y en el tiempo. En alguna parte y en alguna época se pronunciaba o pronuncia "bosque", pero hoy aquí en Buenos Aires decimos "bojque"; del mismo modo, supongo, que en algún tiempo en Francia se decía "mesme", para luego derivar hacia "mejme", y luego a "mehme", para terminar escribiéndose "meme" donde el acento circunflejo indica que allí hubo alguna vez una perecedera ese. Si el lenguaje escrito fuese alterado cada vez que el pueblo y las costumbres fonéticas cambian, sería cosa de no acabar, y una forma más demencial de dividir el territorio lingüístico en parcelas liliputienses: ya que habría que usar una forma para Buenos Aires, con sus "bojques" y "yubias", y otra para Santiago del Estero, con sus "bosques" y "iubias". Pero qué digo, habría que establecer una lengua para el Barrio Norte de Buenos Aires y otra para La Boca.

Todo idioma se aleja de lo escrito. Y algunos, como el inglés, que allí donde escriben Londres pronuncian Constantinopla. Esos investigadores que andan con grabadores han contado no menos de veinte formas de pronunciar la letra o, entre las cuales la más sorprendente es la que figura en la palabra women.

La lengua oral es tan voluble que a veces hasta imita a la escrita, lo que ya es el colmo de vuelta. Así, antes del Renacimiento se escribía y se pronunciaba "oscuro"; pero los eruditos de la época, por escrúpulo etimológico, apuntalaron la palabra con una b. Podría haberse mantenido muda, como corresponde a una momia o un fósil. Pero las enérgicas educadoras lograron que los chicos pronunciaran finalmente "obscuro". Lo que, por supuesto, y si se dejan de lado los golpes, nada tiene de dramático; hay que tomarlo ahora como una costumbre más y no hacer tanto escándalo. De modo que si a un escritor se le da la real gana de escribirlo sin b, hay que respetarlo. Y si no se lo respeta, hay que protestar. Que es exactamente lo que le pasó a Unamuno cuando un pedante corrector le puso en una de sus pruebas: "¡Ojo! ¡Obscuro!", corrigiendo lo que había escrito don Miguel. A lo que, tachando enérgicamente la insolencia, contestó, también al margen: "¡Oreja! ¡Oscuro!"


Del libro "Ensayos" publicado por Seix Barral junto a las obras completas de Ernesto Sábato. Extraído del suplemento Cultura de "La Nación", 7 de Julio de 1996.
Fuente: www.literatura.org


LA RESISTENCIA
Epílogo - La decisión y la muerte (fragmentos)

"Cada hora del hombre es un lugar vivo de nuestra existencia que ocurre una sola vez, irremplazable para siempre. Aquí reside la tensión de la vida, su grandeza, la posibilidad de que la inasible fugacidad del tiempo se colme de instantes absolutos, de modo que, al mirar hacia atrás, el largo trayecto se nos aparece como el desgranarse de días sagrados, inscriptos en tiempos o en épocas diferentes.

Detener la vida, su inefable transcurrir, no sólo es imposible sino que, de hacerlo, caeríamos en la más negra de las depresiones; los días nos pasarían carentes de toda trascendencia, nos sobrarían y podríamos desperdiciarlos banalmente ya que nada esencial se jugaría en ellos. La vida del hombre se reduciría a la felicidad que pudiera acuñar, como si la más grande de las existencias fuese la que mejor se asemejase a un viaje de placer en un barco de lujo.
Creo que lo esencial de la vida es la fidelidad a lo que uno cree su destino, que se revela en esos momentos decisivos, esos cruces de caminos que son difíciles de soportar pero que nos abren a las grandes opciones. Son momentos muy graves porque la elección nos sobrepasa, uno no ve hacia adelante ni hacia atrás, como si nos cubriese una niebla en la hora crucial, o como si uno tuviera que elegir la carta decisiva de la existencia con los ojos cerrados.

Algo de esto nos pasa hoy, cuando millones de personas comprendemos la urgencia que nos reclama, y no atinamos a divisar la luz que nos oriente. Unidos en la entrega a los demás y en el deseo absoluto de un mundo más humano, resistamos. Esto bastará para esperar lo que la vida nos depare.

...
Cada vez me ocupan menos los razonamientos, como si ya no tuvieran mucho que darme. Como bien dijo Kierkegaard, “la fe comienza precisamente donde acaba la razón”. Momentos en que navego sin preguntas mar adentro, no importan las lluvias ni los fríos. Y otros, en que me amarro a viejas sabidurías esotéricas, y encuentro calor en sus antiguas páginas como en las personas que me rodean y me cuidan. Me avergüenza pensar en los viejos que están solos, arrumbados rumiando el triste inventario de lo perdido.

Antes, la muerte era la demostración de la crueldad de la existencia. El hecho que empequeñecía y hasta ridiculizaba mis prometeicas luchas cotidianas. Lo atroz. Solía decir que a la muerte me llevarían con el auxilio de la fuerza pública. Así expresaba mi decisión de luchar hasta el final, de no entregarme jamás.
Pero ahora que la muerte está vecina, su cercanía me ha irradiado una comprensión que nunca tuve; en este atardecer de verano, la historia de lo vivido está delante de mí, como si yaciera en mis manos, y hay horas en que los tiempos que creí malgastados tienen más luz que otros, que pensé sublimes.

He olvidado grandes trechos de la vida y, en cambio, palpitan todavía en mi mano los encuentros, los momentos de peligro y el nombre de quienes me han rescatado de las depresiones y amarguras. También el de ustedes que creen en mí, que han leído mis libros y que me ayudarán a morir."


Biografía

Ernesto Sabato, nace el 24 de junio en Rojas (provincia de Buenos Aires), siendo el noveno de once hermanos.
Realiza sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de La Plata. En 1928 ingresa a la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas de la Universidad de La Plata.

En 1933 es elegido Secretario General de la Juventud Comunista. Comienza a dictar "cursos libres" de marxismo-comunismo. Ahí es donde conoce a Matilde Kusminsky-Richter, una estudiante de 17 años, que abandonará la casa de sus padres para vivir clandestinamente con él. Ella se convertirá a partir de ese momento en su mayor apoyo en los momentos de abatimiento y pesimismo que, debido a su personalidad proclive a la depresión, le han de perseguir a lo largo de toda su vida.

A principios de 1934, en un viaje político donde queda varado en París, escribe su primera novela, "La Fuente Muda".

En 1936, contrae matrimonio con Matilde.

En 1938, obtiene su doctorado en Física y recibe una beca anual "al mejor candidato del año". Viaja a Francia para investigar sobre radiaciones atómicas en el Laboratorio Curie. Nace su primer hijo, Jorge. Entabla amistad con artistas surrealistas.

Posteriormente, abandona París antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial.

En 1940 vuelve a Argentina para dictar clases como docente universitario. Es en esta época cuando conoce a Victoria Ocampo, Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Escribe para distintos diarios de Buenos Aires.

En 1943, el conflicto entre la ciencia y la literatura le hacen atravesar una "crisis existencial" (según sus palabras), que le llevan a una situación muy cercana al suicidio. Toma entonces la decisión de alejarse para siempre de la Ciencia y dedicarse definitivamente y por completo a la Literatura y la Pintura.

Comienza a escribir sus ensayos, donde critica duramente a la Ciencia, el racionalismo y el fetichismo tecnocrático.

En 1947, bosqueja una primera versión de "El Túnel", que publicará en 1948.

En los años siguientes, sus novelas y ensayos son traducidos a diversos idiomas y adaptados al cine. Alguno de sus escritos son realmente polémicos, lo que le trae muchos problemas.

Fue Ministro de Relaciones Exteriores, durante el gobierno de Arturo Frondizi (cargo que más tarde abandonó).

Fue condecorado con diversos premios; reconocido por Universidades; lo nombran ciudadano ilustre de las ciudades más importantes.

En 1955, nace su segundo hijo, Mario.

Ese mismo año, se suceden los Golpes de Estado. En el país se crea un clima tenso. Los enfrentamientos entre movimientos armados y militares son cada vez más frecuentes. Muchos se ven obligados al exilio.

En 1961 publica su segunda novela, "Sobre héroes y tumbas", que tendrá un resonante éxito y le dará renombre internacional.

Tras de la guerra de Malvinas, el derrocamiento de la dictadura y con la elección democrática del gobierno, Ernesto Sabato es nombrado Presidente de la CoNaDeP. Fruto de las tareas de dicha comisión, nace el libro "Nunca Más", conocido como "Informe Sabato" en el que se describen las atrocidades cometidas durante este ese periodo y se analizan las "desapariciones" que se produjeron.

Recibe el Premio Cervantes el año 1984. Ese mismo año es galardonado con el Premio Gabriela Mistral de la Organización de los Estados Americanos en Washington.

En 1999 publicó sus memorias con el título de "Antes del Fin".

Fuente: Escritores argentinos



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